Feet do change as we age. Some of those changes are normal. Others are not, and they’re worth addressing.
Normal Age-Related Changes
- The fat pad under the heel and forefoot thins, reducing natural cushioning
- The arch may flatten slightly
- Skin becomes drier and more fragile
- Toenails grow more slowly and thicken
- Range of motion in the joints decreases
These changes are typically gradual and respond well to good footwear, daily skin care, and added cushioning or custom orthotics.
Not Normal - Worth Addressing
- Sudden change in arch height (can indicate posterior tibial tendon failure)
- Recurrent falls (often related to balance, foot stability, or proprioception)
- Persistent pain that interferes with walking or sleep
- Recurrent calluses or skin breakdown
- Numbness, tingling, or burning
- Slow-healing wounds
What I Want Older Patients to Prioritize
- Annual foot exam. Catches problems early.
- Proper-fitting, supportive footwear. Replaced regularly.
- Daily skin and nail care - or professional nail care if you can’t safely do it yourself.
- Balance work. Single-leg standing, tai chi, or a structured fall-prevention program.
- Address pain. Pain in the feet limits the activity that keeps the rest of the body strong.
The goal is independence - and the feet are one of the largest determinants of staying independent in your 70s, 80s, and beyond.
Los pies sí cambian a medida que envejecemos. Algunos de esos cambios son normales. Otros no lo son, y vale la pena atenderlos.
Cambios normales relacionados con la edad
- La almohadilla de grasa debajo del talón y del antepié se adelgaza, lo que reduce la amortiguación natural
- El arco puede aplanarse ligeramente
- La piel se vuelve más seca y frágil
- Las uñas de los pies crecen más lentamente y se engrosan
- Disminuye el rango de movimiento de las articulaciones
Estos cambios suelen ser graduales y responden bien al buen calzado, al cuidado diario de la piel y a la amortiguación adicional o a las plantillas ortopédicas a la medida.
No es normal: vale la pena atenderlo
- Cambio repentino en la altura del arco (puede indicar una falla del tendón tibial posterior)
- Caídas recurrentes (a menudo relacionadas con el equilibrio, la estabilidad del pie o la propiocepción)
- Dolor persistente que interfiere con caminar o dormir
- Callos recurrentes o ruptura de la piel
- Entumecimiento, hormigueo o ardor
- Heridas que cicatrizan lentamente
Lo que quiero que prioricen los pacientes mayores
- Examen anual del pie. Detecta los problemas a tiempo.
- Calzado adecuado y con buen soporte. Reemplazado con regularidad.
- Cuidado diario de la piel y las uñas, o cuidado profesional de las uñas si no puede hacerlo usted mismo de forma segura.
- Trabajo de equilibrio. Pararse en una sola pierna, tai chi o un programa estructurado de prevención de caídas.
- Atender el dolor. El dolor en los pies limita la actividad que mantiene fuerte al resto del cuerpo.
La meta es la independencia, y los pies son uno de los factores más determinantes para mantenerse independiente a los 70, los 80 y más allá.